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¡Sálvese quien pueda!

Para acompañar este video os copio las reflexiones de una vieja amiga que hace mucho que no veo pero que parece que sigue teniendo ese punto que tanto me gustaba. Ella es Ana y piensa así:

Querida España: 5 Septiembre, 2011

Ni siquiera sé porqué te escribo. Me siento tan olvidada, tan abandonada, tan sola, tan defraudada, tan mentida. Me duele tanto quererte, y seguir soñándote, cada noche, roja, amarilla y morada, llena de gritones y vacía de reyes y de dioses. Ni el peor de mis amores ha tardado tanto en írseme. No puedo dejar de pensar en ti. Y cuanto más te pienso más te odio, y cuanto más te odio más te echo de menos, y cuanto más te echo de menos más te odio.

Debería ser tan fácil olvidarte… Aquí, donde la dignidad existe. Aquí, donde la pura estrategia comercial me hace válida. Aquí, donde los dos folios que conforman mi curriculum, el que tú me has dado, me abren una puerta tras otra. Una puerta tras otra en un camino directo al exilio, en el que el exilio es también el camino. Una puerta tras otra que yo atravieso con un pellizco en el corazón. Hago el amor con todo aquel país que me ofrece algunos euros, pero no puedo sacarte de mí.

Eres cruel y desagradecida, pero además eres tonta. De mil amores inyectaría yo en tu sangre cada mes los impuestos que necesitas, y ya me ves, siendo infiel por obligación. Regalando a los demás la educación que tú me diste.

Ahora dime tú qué hago con tantas palabras de aliento durante tanto años de estudio. Con tantos febreros y tantos junios. Con tantos esfuerzos para que no hubiera septiembre. Que ya no caben estanterías en mi habitación para tantos clasificadores llenos de apuntes, que ya no hay gigas en mi disco duro para tantos trabajos en word, que a mi carpeta verde de plástico, esa en la que guardo los títulos, se le ha soltado un elástico porque ya nada más le cabe. Dime qué debo hacer con las ganas y la ilusión que mis padres depositaron en mí para que fuera mejor que ellos, más preparada, más independiente, con más lenguas, con mucha informática.

Y tú me has dejado en la calle, y para hacerme todavía más daño has expulsado a todos los míos. Y ahora todos están como yo. A todos me los has arrancado, me los arrancas cada junio, para devolverme cada septiembre a uno nuevo, maltratado, explotado, becado. Hasta junio. Y luego otro septiembre…

Quisiera odiarte, pero no puedo.

Pero quizás algún día lo consiga, espero que llegado el momento no tengas nada de lo que arrepentirte. Porque para entonces ni mis hijos, ni mis impuestos, ni mi trabajo, ni mi inteligencia ni mi amor serán tuyos. Para entonces ya será demasiado tarde. Quizás entonces lo único que quiera de ti sea terminar mis días en una casita a la orilla del mar. Entre alemanes, por ejemplo.

CASTRO BENÍTEZ, Ana. “La Cordura de Casandra”, [en línea]. Agosto 2010, añadir fecha de actualización, [fecha de la consulta]. Disponible en la Web: http://lacorduradecasandra.wordpress.com.

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